Correr si hace falta, superar todos los obstáculos que se pongan por delante sin importar de qué se trate.
Los sueños no están para abandonarlos, para rendirse a la primera de cambio, para asumir que lo que más deseas en el mundo no está hecho para ti y que será otro el que ocupe tu lugar. No, eso no son sueños.
Rendirse es de cobardes y a mi me sobra valor para derribar estos muros que se interponen en mi camino.
Yo no he estado dos años matándome, sin dormir por las noches, pasando horas y horas entre libros, cubriendo el suelo de mi habitación de apuntes, malgastando fines de semana, vacaciones y festivos para que me digan que no, que nunca lo conseguiré, que lo que hice fue mucho, pero no suficiente.
Para que me pisen los sueños, la sonrisa y las ganas de ser feliz. Para llorar durante un día cada hora, cada minuto. Para llegar al punto de dormir por no llorar. De llorar cada noche hasta que no me quedan lágrimas.
Y para que día tras día tenga que escuchar los ''enhorabuena'' de todo el mundo, y pensar ¿enhorabuena por qué?
Pues enhorabuena por recoger el sueño, ese que estos días todo el mundo se ha dedicado a pisar, a aplastar y a intentar alejar de mí. Enhorabuena por convencerme de que eso es lo que quiero, de que va a ser mi sueño, el de nadie más. Y voy a ser yo quien lo cumpla, porque hoy he decidido que llegar hasta aquí no ha sido fácil, y lo que todavía me queda tampoco va a serlo.
Pero, nadie dijo que lograr los sueños fuera fácil ¿no?

