jueves, 29 de noviembre de 2012

Véndame los ojos y llévame hasta el infinito

Que la vida no es una película no es nuevo, que no es esa historia de amor de hora y media con final feliz y que te tiene todo el tiempo con una sonrisa pintada en la cara, pero no por eso voy a dejar de ilusionarme.
De ser la idiota que crea que las historias de las películas existen, que todas tenemos derecho a que nos pinten en un puente ''Tu y yo a 3 metros sobre el cielo'', que a que cuando  pregunte ¿me amas, real o no? siempre me contesten real, a que me digan que será lo que quiero que sea, por mi. 
De ser la que se despierte todas las mañanas con un ''Buenos días princesa, he soñado toda lo noche contigo'', que se recorran miles de kilómetros para bailar conmigo bajo un árbol, que se tumben conmigo a ver cambiar el semáforo de color y que quieran vivir conmigo eternamente.
Que me digan que siempre tendremos París, y que todo sea como una película en blanco y negro, de esas en las que se amaba de forma diferente, se amaba de verdad. Un amor que me pidiese que le besara como si fuera la última vez.
Que me juren que no se van a enamorar pero que lo acaben haciendo, y que sin saber cómo acaben diciendo que han perdido la cabeza por mi.
Bueno vale, no soy tan idiota como para esperar que mi príncipe azul venga a pedirme que salga al balcón para declararme su amor a los cuatro vientos, porque aparte de no tener balcón y vivir en un segundo con vistas a un patio común al que jamás conseguiría entrar, nadie está tan loco ni tan enamorado como para hacer semejante locura en una ciudad con millones de habitantes. Porque las historias de princesas en las que al minuto ya saben que es el amor de su vida y se casan no existen.
Porque nadie me garantiza tener un final feliz, pero lo que si está claro es que tengo una gran historia.
Que no es una película de amor, pero que tiene momentos inolvidables y que sin viajes, graffitis, motos, cruzarse medio mundo para verme, ni grandes frases de esas que todas nos sabemos de memoria de tanto escucharlas en nuestra película favorita, ni ese beso en ese lugar que todas esperamos recibir, es perfecta a su manera.
Que al final, aun siendo una idiota soñadora y vividora de ilusiones que nunca llegarán, soy de las que son felices con que me digan un te quiero con esa cara y esa sonrisa que solo me pone a mi.
Que lo más bonito de todo, es que los sueños de una historia de película no me los quita nadie. Porque los sueños, sueños son. 
Me conformo con que me tape los ojos, me pregunte ''¿te fías de mi?'' y me guíe hasta el infinito.
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