Si es verdad que quien juega con fuego se quema las llamas me devorarán. ¿Seré como el ave fénix que resurge de sus cenizas? Quien sabe.
Sólo se que este juego me gusta, que está empezando a engancharme y que no se cuando me decidiré a parar.
Un juego que no cambia nada pero lo cambia todo, que no atiende a razones.
En el que el corazón manda y en él, al igual que en la guerra, todo vale.
Un juego sin árbitros, sin jueces, sin repeticiones a cámara lenta.
En el que hay que dejarse llevar y salir a matar. Echarlo a cara o cruz, a todo o nada. Romper la balanza que decide si merece la pena o no. Hacer un agujero a la conciencia y evitar que Pepito Grillo se pase el día torturándote con su ''no sigas, déjalo''.
Pero no lo dejo, es como mi marca de heroína. Una droga hecha a medida, la luz de un faro que guía, tal vez hacia un lugar equivocado, pero hacia un lugar.
No tengo mucho que perder pero sí mucho que ganar en este juego en el que la felicidad es el premio.
Si es verdad que quien juega con fuego se quema, quiero arder en el infierno.



