viernes, 2 de marzo de 2012

El amor es un juego en el que un par de idiotas juegan a hacerse daño.

Tratas de ser amable, comprensiva, de escucharle porque sabes que no son buenos momentos los suyos. Le apoyas en todo y más, aunque no seas capaz de lidiar con tus problemas. Porque es él, le quieres a tu manera. Luchas porque todo funcione, te esfuerzas, pero sientes que lo va dejando poco a poco, que va abandonando el tira y afloja en que se basa lo vuestro, los detalles, los privados todo se pierde. Le falta siempre la sonrisa, y tú piensas que debería esforzarse algo más porque tú tampoco tienes ganas de sonreír y no por eso dejas de hacerlo, porque sabes que lo necesita.
Tal vez bastara con un ''¿que tal estás?'' sincero, de esos que demuestran que está dispuesto a compartir tus problemas, que sean mitad suyos y mitad tuyos, pero esa pregunta nunca llega.
Son momentos de conversaciones forzadas, sin ganas en las que esperas que te demuestre que estás equivocada, que no es uno más que pasará a engrosar tu lista de conquistas. Que por una vez estás haciendo lo correcto, dándolo todo para recibir también todo. Todo y más, que ahora ni es más ni es todo. Que ha merecido la pena arriesgar por vivir eso. Pero cada día es más difícil. Caminas a su lado como si de un simple amigo se tratara y se hace raro. A ratos muy bien, a ratos no tan bien, pero mal nunca. Pero no es suficiente, no es como era antes.
Esperas que llegue el fin de semana, y uno tras otro terminan sin verle, si estar con él a solas. No comprende que para tí eso es algo importante. Y nunca ocurre, pero tú tampoco lo tienes en cuenta.
Te conectas con la ilusión de que él esté ahí, que estéis hablando hasta las mil de tonterías que te diga todo lo que quieres leer y que te sorprenda. Pero nada. Tampoco tiene un día bueno hoy, y la verdad es que este juego ya cansa.
Ya no sabes que hacer, y cuando crees que todo empieza a animarse, se va con un simple beso y un adiós y el te quiero que tú le has enviado queda suspendido en el aire, en ese vacío cibernético en el que no sabes a donde irá a parar. Un te quiero que quizá haya leído o quizá no, que no le haya dado la mínima importancia. Pero para ti la tiene.

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