lunes, 30 de abril de 2012

La suerte de mi vida.

No son buenos momentos para aquellas personas a las que quiero, lo están pasando mal, cada uno con sus motivos y cada uno a su manera.
Son momentos de tensión de final de curso, de nervios, de jugarse el futuro en un todo o nada. Echarle un pulso al destino, a la suerte y derribar los muros que se ponga por delante.
Pero todos aquellos que de verdad importan, aquellos a los que invité a pasar a mi corazón para nunca salir, no han defraudado. Han hecho que mi día fuera insuperable.
Leer cada una de las palabras que escribió para mi, cada una de las tonterías, de esas cosas tan bonitas. Cada te quiero, cada frase en la que se arrepentía de no poder estar conmigo. Cada una de esas cosas se colaban en mi memoria y se convertían en una parte importante del día. Ver nuestra foto y todavía no ser consciente de lo que estamos viviendo.
Esa visita, inesperada, de aquellos que llevan doce años a mi lado. Compartiendo todas las alegrías y las desgracias, sacando sonrisas en los peores momentos y fabricando recuerdos. De esos sin los que no me imagino la vida.
La llamada de esa niña con la que me peleaba por las barbies, a la que siempre hacía llorar y me hacía llorar, la que tantos años ha compartido momentos conmigo y que ya no es tan niña. Con sus animales de juguete, y ahora su gato...es que amenaza con comerse a mi ratón y con el que tanto me meto. Esa llamada que me hizo teletransportarme durante casi una hora a una realidad paralela donde mi única preocupación es planear mi verano a su lado.
Y ella, la persona más fuerte que conozco, que en dos años se ha ganado mi amor eterno, mi confianza y que ayer lo que menos necesitaba era tener que esforzarse en hacer a otra persona feliz, tenía que intentar hacerse a ella misma feliz. Y no fue una sola cosa la que hizo, inundó el mundo digital de sorpresas, de pequeños detalles que me emocionaron, me hicieron sentir que siempre estará ahí y que es una de esas personas por las que siempre daré la cara y seré su hombro cuando lo necesite.
Gente que he conocido durante este año, algunos al principio, otros durante el viaje. Y que con grandes motivos y con mucho trabajo se han hecho un hueco en mi vida convirtiéndose en irremplazables, en gente que poner en una foto en mi habitación y que llevarles en el corazón durante años.
Tan sólo faltaba una persona, que ha demostrado que no la merezco y que ha hecho todo para hacerme feliz y llenar el vacío que dejó ayer. Sin duda, uno de los mejores regalos, porque no sólo lo ha llenado si no que lo ha desbordado con su alegría su amor, su foto, su felicitación, su todo.
Gracias a todos y cada uno de vosotros que habéis hecho que fuera inolvidable. Os llevo en el corazón.

sábado, 7 de abril de 2012

Carta de amor desesperada.

A ti, que me estás leyendo, que crees conocerlo todo sobre la vida, que crees tenerlo todo bajo control, te voy a contar mi historia.
El amor, como todo, tiene fecha de caducidad o eso creía yo.
Despiertas de ese sueño, que se repite día tras día, con un sabor agridulce porque sabes que lo que hoy es un sueño no hace tanto fue realidad.
Era un amor de ida y vuelta. nos quisimos con locura, es más, nos amamos. Pero nuestros corazones no latían unidos, era un amor desacompasado. Nos quisimos a destiempo y demasiado, tú me quisiste, luego yo te quise, pero el destino jugó mal las cartas y me rompiste el corazón.
Volviste a por mí, y yo, escurridiza e inalcanzable como el aire enseñándote los pedazos de mi corazón me negué a volverte dejar entrar en él. Estábamos hechos el uno para el otro, éramos como el yin y el yang, como arema y espuma de mar que roza la costa, como flores de primavera.
La vida nos dió otra oportunidad y, nosotros, presos de la pasión, locos temerarios del amor no supimos darnos cuenta de que ibas a convertir cada fragmento de mi roto corazón en polvo, en partículas microscópicas que viajarían por el aire dejándome vacía, sin corazón, sin vida, sin nada.
Sentimientos etéreos, volátiles, hirientes, dispersos que se agolpaban en mi pecho, matando a esas mariposas que volaban por mi tripa, destrozando las ilusiones pero dejando en mi interior los recuerdos, el amor, el dolor.
Ha pasado mucho tiempo y todavía me tiemblan las piernas si te veo, me pongo roja cuando huelo tu perfume. Llevo un tiempo soñando contigo y, aunque las heridas han cicatrizado y la llama del amor se apagó, permíteme decirte que nunca saldrás de mi cabeza y mucho menos de mi corazón.
A ti, que me estás leyendo, decirte que los grandes amores nunca se olvidan, son como estrellas en la noche que, aunque queramos ignorarlas, salen cada día y te recuerdan que donde hubo fuego siempre quedarán cenizas.