A ti, que me estás leyendo, que crees conocerlo todo sobre la vida, que crees tenerlo todo bajo control, te voy a contar mi historia.El amor, como todo, tiene fecha de caducidad o eso creía yo.
Despiertas de ese sueño, que se repite día tras día, con un sabor agridulce porque sabes que lo que hoy es un sueño no hace tanto fue realidad.
Era un amor de ida y vuelta. nos quisimos con locura, es más, nos amamos. Pero nuestros corazones no latían unidos, era un amor desacompasado. Nos quisimos a destiempo y demasiado, tú me quisiste, luego yo te quise, pero el destino jugó mal las cartas y me rompiste el corazón.
Volviste a por mí, y yo, escurridiza e inalcanzable como el aire enseñándote los pedazos de mi corazón me negué a volverte dejar entrar en él. Estábamos hechos el uno para el otro, éramos como el yin y el yang, como arema y espuma de mar que roza la costa, como flores de primavera.
La vida nos dió otra oportunidad y, nosotros, presos de la pasión, locos temerarios del amor no supimos darnos cuenta de que ibas a convertir cada fragmento de mi roto corazón en polvo, en partículas microscópicas que viajarían por el aire dejándome vacía, sin corazón, sin vida, sin nada.
Sentimientos etéreos, volátiles, hirientes, dispersos que se agolpaban en mi pecho, matando a esas mariposas que volaban por mi tripa, destrozando las ilusiones pero dejando en mi interior los recuerdos, el amor, el dolor.
Ha pasado mucho tiempo y todavía me tiemblan las piernas si te veo, me pongo roja cuando huelo tu perfume. Llevo un tiempo soñando contigo y, aunque las heridas han cicatrizado y la llama del amor se apagó, permíteme decirte que nunca saldrás de mi cabeza y mucho menos de mi corazón.
A ti, que me estás leyendo, decirte que los grandes amores nunca se olvidan, son como estrellas en la noche que, aunque queramos ignorarlas, salen cada día y te recuerdan que donde hubo fuego siempre quedarán cenizas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario